Mi banda criminal favorita – Reseña: Seis de Cuervos

Estas últimas semanas, y en especial estos últimos días, he estado dedicando buena parte de mi tiempo a una duología de libros. Seis de Cuervos es el primero de ellos, y Reino de Ladrones es la segunda parte. Leigh Bardugo es la escritora detrás de ellos, creadora del mundo Grisha en el que se ambienta la historia de Kaz y compañía.

Nunca había escuchado nada acerca de la escritora ni de la saga. Hasta que hace unos meses me topé con una publicación de Instagram que hablaba maravillas sobre los libros. Investigué un poco internet (tengo la manía de no leer o ver algo si no me cercioro antes de que realmente merece la pena) y descubrí que Seis de Cuervos era uno de los grandes en el mundo de la ficción fantástica. Si eres de los míos, te interesará saber que en Goodreads tiene un 4,45 sobre 5. Teniendo en cuenta que la joya de la corona del género (El Nombre del Viento) tiene un 4,53… Puedes hacerte una idea de lo que se supone que es el libro.

Así que me decidí a empezar con el primero. Y tan pronto lo acabé, enganché con el segundo. Ayer mismo terminé la duología, y hoy vengo a hacer un análisis de sus puntos fuertes. No te preocupes por los spoilers pues me limitaré a escribir sobre, lo que para mí son, las virtudes de la saga. Con eso bastará para animarte a leerlo, porque ya te adelanto que desde luego merece la pena.

Ketterdam: la decadencia en su máxima expresión

Buena parte de la acción tiene lugar en Ketterdam, capital de la isla de Kerch. Es cierto que en el primer libro, el conflicto se desarrolla mayormente en Djerholm, capital de Fjerda. Pero Ketterdam sigue siendo la ubicación principal. Y es que no se merece menos, ya que el trabajo que la escritora puso en moldear la ciudad es espectacular. Ketterdam se materializa en la mente del lector hasta tal punto que puedes sentir que realmente has pisado sus calles.

Leigh Bardugo se inspiró en Ámsterdam para construir la marítima capital de Kerch. Los canales constituyen vías de vital importancia para la ciudad, a través de las cuales los habitantes se desplazan y satisfacen todo tipo de necesidades comerciales; en ellos puedes encontrar desde floristerías flotantes hasta barcazas encargadas de recolectar los muertos de la ciudad.

Los canales y las calles articulan toda una ciudad estructurada en diferentes distritos: financiero, universitario, del gobierno… y el distrito del Stave. El Stave sería el equivalente al barrio chungo de tu ciudad… pero aún peor; algo así como el distrito de la mafia de la ciudad de Nápoles. Es el refugio de criminales, ladrones y asesinos que constituyen diferentes bandas. Pero es también la zona en la que se amontonan las casas de placer, como llaman en el libro a los prostíbulos; lo que vendría a ser El Barrio Rojo de Ámsterdam.

Existen otros muchos detalles que la escritora se esmeró en plasmar en la ciudad. Un ejemplo es el de la Barcaza del Segador, que ya he mencionado unas líneas más arriba. Se trata de una barca encargada de recoger los muertos que aparecen por la ciudad, transportarlos por los canales y llevarlos en medio del mar para ser incinerados. Podría ser un elemento más que se añadió con el único objetivo de agravar la decrepitud de Ketterdam, pero en realidad tiene su explicación; es la reminiscencia de una pandemia que asoló la ciudad unos años atrás (¿a qué me suena esto?). Desahuciar los cuerpos de las calles para incinerarlos en medio de las aguas marinas es una forma de asegurarse de que una futura plaga no vuelva a causar los mismos estragos. Esto es solo un ejemplo más de hasta donde llega la imaginación de la autora con tal de poner en pie una ciudad que parece casi real.

Por otro lado, las ricas descripciones ayudan (y mucho) a lograr el ambiente de miseria y decadencia. La brisa marina cargada de sal y humedad, la neblina espesa que se posa sobre los canales o los antros en ruinas que se disponen casi amontonados forman parte del decorado constante de la ciudad.

Representación de la ciudad de Ketterdam, con los protagonistas a la derecha. Fuente: leanne_lya.artstation.com

Capitalismo llevado al extremo

Ketterdam es un elemento clave en la saga. La ciudad por sí sola añade un valor incalculable a los libros. Pero cuando lo juntas con el sistema basado en el capitalismo extremo que Leigh Bardugo orquesta… la operación es sinérgica, y el resultado sublime. De hecho, siento que cualquier historia que tuviera como base el resultado de esa interacción merecería ser leída.

Las leyes y normas de la ciudad giran en torno al comercio. La integridad y el funcionamiento de los negocios debe asegurarse en todo momento. La stadwatch (la policía de la ciudad) y los jueces velan porque así sea. De hecho, no existe mayor crimen que aquel que atente contra el comercio. Una subasta organizada por los mayores criminales estaría por encima de las órdenes de búsqueda y captura contra ellos mismos; efectivamente, así es como sucede en el libro.

El comercio es sagrado, literalmente. La religión que los habitantes practican está basada en el respeto al comercio. Ghezen es el Dios del Comercio y del Trueque, y es el dios al que los habitantes de Kerch rezan. Tal es así, que el símbolo equivalente a la Cruz de Cristo es la Mano de Ghezen. No podía ser más apropiado, pues la mano abierta con los dedos extendidos transmite la sensación de avaricia y el deseo de poseer.

Una banda de criminales… entrañable

Con esa ciudad casi real y un sistema socioeconómico que podría dar vida a cualquier historia, la cena está servida. Pero es posible añadir algún ingrediente más; la guinda del pastel de esta saga es el equipo criminal integrado por los protagonistas. Todos ellos tienen un pasado que prefieren enterrar en sus pensamientos. Todos ellos son criminales de alguna forma u otra. Pero todos ellos son… entrañables.

Kaz es el protagonista principal. Un chico que no llega a la veintena de edad, pero que fácilmente supera en perspicacia a cualquier otro asesino o mercader adulto. Y este es otro ejemplo más de la labor tan buena que la escritora acomete con esta obra. No se parece (a simple vista) al típico protagonista juvenil de una novela de fantasía: cojo, impasible y quizás alexitímico. Esto último es lo más destacable del personaje. Sus sentimientos y emociones permanecen ocultos casi en todo momento… hasta el punto de resultar molesto (esto tiene que ver con cómo termina la saga). Se configura así un protagonista eficaz y eficiente, con su mente siempre enfocada en los planes y confabulaciones que idea, sin permitirse distracciones por ningún tipo de emoción.

El resto de la banda no se queda atrás. Cada integrante tiene sus peculiaridades, manías, inseguridades y ambiciones. Especial mención a Inej, con su habilidad para escabullirse como si de un suspiro se tratara, y a Nina, representante del ingenioso sistema mágico que la escritora diseña.

Aunque todos son criminales, puedes sentir que son buenas personas. Son esa clase de «malos» que hacen que se te encoja el corazón cada vez que los «buenos» les dan algún palo. Esa clase de malos que hace girar las tornas y te demuestra que los buenos no son tan buenos, ni los malos son tan malos.

El veredicto final

Después del breve análisis de los puntos fuertes de la saga, llega la hora de poner nota. Los libros son buenos, muy buenos de hecho. Pero no casi perfectos. Ya sabemos que la perfección no existe, pero es cierto que los hay mejores.

La viva ciudad y el ocurrente sistema socioeconómico se complementan y se retroalimentan, creando la base idónea para poner en marcha la obra. Los protagonistas, cuidadosamente moldeados, constituyen la herramienta perfecta para interpretar la historia. ¿Pero qué hay de esa historia, del argumento? ¿Qué opino de la trama que se cuenta a través de los personajes en ese ingenioso mundo?

La trama es lo que me deja un leve sabor amargo. No es mala, ni mucho menos. Abundan los giros de guión, las traiciones y los imprevistos. Es además una historia épica interpretada por pícaros jovenzuelos, lo que le aporta un valor extra. Pero por alguna razón no acaba de calarme. Probablemente el final tenga parte de la culpa. Tampoco es que sea malo, pero la historia entre el Cuervo y la Araña queda a medio colgar. La Grisha desaparece entre los mares y de ella no se sabe nada más. Y de la relación entre el mercadercillo y Jesper nos quedamos con poco detalles. Se echa en falta un epílogo que dibuje de forma clara la situación de los diferentes personajes, y que a la vez bocete el futuro que les espera.

Si la ficción fantástica no es lo tuyo tampoco te eches para atrás porque en realidad la fantasía no tiene mucha importancia en la saga. Además, los libros rondan las 600 páginas, lejos de las 1000 a las que nos tienen acostumbrados obras del mismo estilo. Una vez te enganches, la lectura se te hará amena.

Es uno de las mejores sagas que he leído, de ello no hay duda. Si tuviera que calificar los libros, podría decir que les doy un 4 sobre 5.

En estas calurosas semanas de verano, aprovecha para empezarte esta cortita saga. No dudes en escribirme si decidiste leerlo. Y recuerda que puedes suscribirte a mi newsletter al final de esta entrada (aún está en construcción, a la espera de recibir más contactos como tú).

Hasta la próxima! 👋🏼

Javier Vilela Martín

Soy un estudiante de Medicina interesado en ciencia, tecnología y ficción. En este blog escribo sobre temas como esos y sobre cualquier otra cosa que me llame la atención.

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