Resumen: The Psychology of Money de Morgan Housel

Todos sabemos que los ahorros, las estrategias de inversión y la toma de decisiones forman una parte esencial de las finanzas personales.

Pero en lo que al dinero se refiere, existe un factor clave que a menudo es pasado por alto: la psicología. Y es en la relación que este libro realiza entre la economía y la psique humana donde reside su verdadero valor.

The Psychology of Money, escrito por el genio inversor Morgan Housel, ofrece 18 lecciones sobre las finanzas personales que he resumido en este artículo.

1. Nadie está loco

La gente hace algunas locuras con el dinero, pero nadie está loco. La gente de diferentes generaciones, criada por padres distintos con ingresos y patrimonios diferentes, de diferentes partes del mundo y nacida en economías distintas, que vive mercados laborales diferentes y que experimenta diversos grados de suerte, aprende lecciones muy diferentes.

La teoría es que todo el mundo debería tomar sus decisiones financieras en base a su situación actual y sus objetivos. La realidad es que las decisiones de inversión que la gente toma están fuertemente influidas por todo aquello que vivieron en el pasado.

La visión que cada uno tiene del dinero ha sido formada en mundos diferentes. Y por ello, lo que a un grupo de personas le parece escandoloso, es perfectamente sensato para las demás.

2. Suerte y riesgo

En el éxito de una estrategia existe una parte que depende de las buenas habilidades y decisiones, y otra que depende de la pura suerte. ¿Qué porcentaje corresponde a cada una? No es posible saberlo.

Curiosamente, solemos pensar que aquellos negocios que fueron mal a otras personas fracasaron por falta de habilidades. En cambio, cuando es a nosotros a quienes nos va mal el negocio, tendemos a pensar que es por mala suerte más que por mala praxis.

Por otro lado, resulta peligroso fijarse en los casos de personas extremadamente exitosas. Es muy probable que en el éxito de esos casos la suerte haya tenido un peso incalculable, y por tanto no es buena idea intentar aplicar la misma estrategia a nuestra vida. Es preferible centrarse en los patrones que cumplen las personas moderadamente exitosas.

No todo el éxito se debe al duro trabajo, y no toda la pobreza se debe a la pereza.

3. Nunca es suficiente

Para cuando tengas suficiente dinero como para permitirte todo que necesitas y buena parte de lo que deseas, ten en cuenta:

  1. La habilidad financiera más complicada es ser capaz de detenerse. La cosa se pone fea cuando la ambición crece más rápido que la satisfacción.
  2. Compararse es el problema: siempre podrás compararte con alguien que tenga más que tú. Hay que intentar convencerse de que lo que tienes es suficiente, aunque sea menos que el de al lado.
  3. «Suficiente» no es poco. «Suficiente» es darse cuenta de que lo opuesto (un insaciable apetito por tener más y más) te llevará al arrepentimiento.
  4. La reputación, los seres queridos y la felicidad tienen un valor incalculable. La mejor manera de mantenerlos es dejar de seguir asumiendo riesgos que puedan llegar a dañarlos.

4. Interés compuesto

El éxito de Waren Buffet no radica en sus buenas habilidades financieras (pese a que logre un espectacular beneficio anual del 22%), sino en el tiempo; comenzó a invertir seriamente desde los 10 años, y sigue haciéndolo después de su jubilación. De hecho, de sus 84’5 mil millones de dólares, 81’5 los consiguió después de los 65. Si hubiera empezado con 30 años y se hubiera retirado con 60 (cuando mucha gente consigue estabilidad financiera y ya están cansados), tan solo tendría 11’9 millones.

Jim Simons ostenta el récord de beneficio anual, con un bestial 66%. Sin embargo, es un 75% más pobre que Buffet; empezó a invertir seriamente a partir de sus 50.

La mejor manera de hacerse rico invirtiendo no es siendo el mejor en ello, sino consiguiendo buenos beneficios que puedan ser reinvertidos durante el mayor tiempo posible.

5. Hacerse rico VS mantenerse rico

Ya hemos visto que la supervivencia es clave cuando hablamos de dinero, pues es la que permite invertir el tiempo necesario para generar beneficios. Por ello:

  1. Más que grandes beneficios, quiero ser financieramente irrompible. Así será como realmente obtendré los mayores beneficios, pues conseguiré aguantar lo suficiente como para que reinvertir de frutos.
  2. Planear es importante… pero la parte más importante del plan es tener en cuenta que quizás las cosas no vayan como planeaste. Cuanto más flexible sea tu plan financiero, más posibilidades de que acabe saliendo bien.
  3. Una personalidad equilibrada (que sea optimista sobre el futuro, pero paranoica sobre lo que está por llegar) es vital. Necesitamos esa obsesión por el corto plazo para mantenernos a flote lo suficiente como para explotar esa situación optimista del futuro.

6. Extremos, vosotros ganáis

Los extremos (o largas estelas, como a Morgan le gusta llamarlos) son el tramo final de una distribución, y tienen enorme importancia en las finanzas.

Todo lo que es gigante, rentable, famoso o influyente es el resultado de un «evento extremo». Estos extremos son increíblemente escasos, unos pocos de entre un millón de casos, y aún así acaparan buena parte de nuestra atención.

Cuando solo nos fijamos en casos tan exitosos, es fácil infravalorar lo raros que son.

7. Libertad

El determinante más importante de la felicidad no es el salario, el tamaño de la casa o el prestigio en el trabajo. Es la capacidad de hacer lo que quieras, cuando quieras y con quien quieras. Esto es lo mejor que de verdad puede darnos el dinero: la libertad.

Si tienes dinero puedes permitirte solicitar una reducción de jornada para pasar más tiempo con tu familia, si así lo deseas. El que no tiene más que para pagar el carro de la compra, tendrá que resignarse y seguir trabajando todo lo que pueda.

Pese a que los ingresos medios han aumentado en las últimas décadas, la felicidad parece no haberlo hecho. Probablemente sea así porque ganamos más a consta de ceder parte de ese tiempo con el que nos sentimos libres.

El mayor dividendo que el dinero paga es permitirte controlar tu tiempo.

8. La paradoja del hombre en el coche

Solemos pensar que si tenemos un buen coche, una bonita casa o relucientes joyas, seremos admirados por los demás. En realidad, cuando pasa un Ferrari por la calle y la gente se queda mirando embobada, no están admirando la persona que lo conduce; se quedan fascinados imaginándose a ellos conduciéndolo.

Si quieres ser respetado y admirado por los demás, el dinero y los artículos de lujo te servirán de poco. Humildad, amabilidad y empatía te harán mucho más respetado que cualquier bien físico que puedas comprar.

9. La verdadera riqueza es la que no ves

Puede parecernos que el que va con un ferrari de 100.000$ es rico. Sin embargo, muchos de esos que van con estos coches han gastado buena parte de su dinero o incluso han llegado a endeudarse con tal de poder ir presumiendo de ser rico.

El que es rico de verdad, en cambio, nunca lo parece. El que es rico rechaza coches deportivos, joyas prominentes o la mejora del billete a businesses. Son esas acciones las que los hacen verdaderamente ricos.

La riqueza es lo que no gastamos.

10. Ahorrar dinero

Conseguir riqueza tiene poco que ver con ganar más, y mucho con ahorrar más. Los inversores se pasan horas y horas semanales tratando de aumentar sus beneficios una décima parte de un 1%… cuando podrían conseguir un 2 o 3% si tan solo recortaran su nivel de vida.

Por otra parte, ahorrar para un objetivo está bien (un coche, una casa, la jubilación…), pero no siempre tiene por qué ser así. Cuando tienes dinero en la cuenta eres dueño de tu tiempo; con la cuenta llena puedes solicitar una reducción de jornada y tener más tiempo para ti, si eso es lo que quieres.

Además, vivimos en un mundo hiperglobalizado en el que la inteligencia ya no es un elemento que te haga destacar. Ya no compites contra unos pocos de tu ciudad; compites con miles o millones de trabajadores del mundo entero. En un mundo como este, la capacidad que te brinda el dinero de tener más tiempo y más control sobre el mismo es lo que de verdad te hará destacar.

11. Razonable > racional

Si sabemos que la fiebre es un mecanismo de defensa del organismo frente a la infección, lo racional sería dejarla estar. Sin embargo, somos humanos y no nos gusta sufrir; es razonable tomarnos una pastilla en cuanto aparezca y así ahorrarnos el mal cuerpo.

También en economía es mejor ser razonable que ser racional. Las estrategias financieras razonables son más realistas que las puramente racionales, y por tanto hay una mayor posibilidad de que se mantengan a largo plazo (que es lo que realmente importa en cuanto al dinero).

Invertir tiene un componente social que a menudo es ignorado cuando se mira a través de una lupa estrictamente financiera.

12. ¡Sorpresa!

Los geólogos, los médicos o los meteorólogos pueden fijarse en la historia para predecir el movimiento de las placas tectónicas, el funcionamiento de los riñones o el pronóstico para mañana. Pero para los economistas, esto no es una buena idea.

Muchos inversores caen en la trampa de fijarse en el pasado y usarlo como guía del futuro, en un campo en el que el progreso y la innovación son una parte vital del mismo.

Es más, ¡sorpresa! Los eventos económicos más importantes del futuro serán aquellos para los que la historia no pueda darnos pista alguna. Como ejemplo actual tenemos las gigantes tecnológicas; estas no existían hace tan solo 50 años, y ahora suponen una quinta parte del valor del S&P.

La historia es el estudio del cambio, irónicamente usada como mapa del futuro.

13. Margen de error

La parte más importante de todo plan es planear por si las cosas no salen como previstas; esto es, dejar un margen de error o seguridad.

En una vida plagada de incertidumbres y llena de probabilidades (y no de certezas), el margen de seguridad es la única forma de navegar seguro.

El error más común respecto al dinero es depender de un sueldo para cubrir necesidades a corto plazo, sin ahorros que permitan crear un margen entre los gastos que crees que tendrás y los que realmente serán.

14. Cambiarás

Las cosas cambian: tus metas, tus deseos y el mundo a tu alrededor. Una cosa es decir “no sabemos qué nos deparará el futuro”, y otra es admitir que ni siquiera sabemos qué querremos en el futuro. Resulta difícil invertir a largo plazo si sabemos que para entonces nuestros intereses serán diferentes.

Por ello, debemos evitar los extremos cuando planeamos asuntos financieros. Cuando asumimos que seremos felices con pocos ingresos o que trabajaremos como locos para conseguir mucho dinero, tan solo estamos aumentando las posibilidades de que en un futuro nos acabemos arrepitiendo de nuestras decisiones. 

Los contras de esos extremos (darse cuenta de que te has pasado la vida trabajando en un cubículo, o que no tienes dinero para jubilarte) acaban generando fuertes remordimientos.

Los remordimientos que surgen cuando abandonamos un plan pasado duelen por dos cuando sabemos que ahora tenemos que correr el doble en la otra dirección para compensar el tiempo perdido.

Tenemos que aceptar el hecho de que vayamos cambiando nuestra mentalidad. La clave está en aceptar que las decisiones financieras que hicimos hace tiempo ya no nos representan y actuar cuanto antes.

15. Nada es gratis

Todo tiene un precio, invertir incluido. Pero su precio no se mide en dólares o euros. Su precio es la volatilidad, el miedo, la duda, la incertidumbre, el arrepentimiento…

¿Por qué a la gente le cuesta tanto asumir el coste de invertir, incluso aunque sea para lograr grandes beneficios? Porque el precio de invertir no está claro en un primer momento, a diferencia del precio de un coche, una casa o un teléfono.

Así, cuando el mercado cae y llegan las pérdidas, estas se sienten como una multa por hacer las cosas mal, más que como una tasa por comprar algo bueno.

Los beneficios que puedas obtener invirtiendo nunca serán gratis. Siempre irán acompañados de un riesgo que debes asumir. El truco está en pensar en ese riesgo como un precio más que debes pagar y en convencerse de que merecerá la pena.

Define el precio del éxito y estate listo para pagarlo. Porque nada que merezca la pena es gratis.

16. Tú y yo

Pocas cosas sobre el dinero importan más que ser consciente de tus propios objetivos y no dejarse persuadir por las acciones y comportamientos de personas que participan en juego diferentes.

Ese es uno de los desencadenantes de las burbujas: cuando los inversores que persiguen objetivos a largo plazo empiezan a fijarse en los cortoplacistas que consiguen beneficios rápidos, cambian su estrategia de inversión. Hasta que la burbuja estalla un poco después, y entonces lo pierden todo.

17. La seducción del pesimismo

En cuanto al dinero se refiere, tendemos a ser muy pesimistas. ¿Por qué se presta mucha más atención a las pérdidas que a las ganancias?

  • El dinero y la economía es algo que afecta a todos, de forma directa o indirecta. Si hay un huracán en la otra punta del país tú no tienes de qué preocuparte; pero si comienza una nueva recesión en la bolsa estadounidense, sí.
  • Los pesimistas a menudo extrapolan tendencias del presente sin tener en cuenta cómo se adapta el mercado. Cuando en el 2008 se dijo que las reservas de petróleo se acabarían para antes de 2030, se empezaron a desarrollar nuevas técnicas que permitían extraerlo de sitios en los que antes no resultaba rentable.
  • El progreso tarda mucho en generarse, pero se pierde rápidamente. Resulta difícil ser consciente del avance de la medicina en las últimas décadas, mientras que es muy fácil alarmarse y crear drama por un accidente de avión.

18. Cuando te creerás cualquier cosa

Las historias son, de lejos, la mayor fuerza que influye en la economía.

En el 2007 nos contábamos la historia de la estabilidad de los precios de la construcción, de la prudencia de los banqueros y de lo precavido que eran los mercados financieros. Cuando en el 2009 nos dejamos de creer esa historia, los intereses de los préstamos subieron, los bancos perdieron dinero y se concedieron menos préstamos, entrando así en un círculo vicioso. La única diferencia entre el 2007 y el 2009 fue la historia que nos creíamos, la misma que nos llevó a la peor crisis de los últimos 80 años.

En un mundo dominado por las historias, debemos tener en mente:

  1. Cuanto más quieres que algo sea cierto, más probable es que te creas una historia que sobreestime las probabilidades de que sea cierto.
  2. Tenemos una visión incompleta del mundo, llena de espacios en blanco que intentamos rellenar con una narrativa.

Javier Vilela Martín

Soy un estudiante de Medicina interesado en ciencia, tecnología y ficción. En este blog escribo sobre temas como esos y sobre cualquier otra cosa que me llame la atención.

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